miércoles, 21 de marzo de 2012

Enseñando a los niños a meditar

Si hay algo que se le antoja a los padres es que sus niñas y niños lleguen a conseguir cuando adultos la tan anhelada dicha y realización que de alguna forma todos buscamos. Pero ¿Cómo empezar a transmitirles algo tan valioso? Sin duda esto puede empezar a transmitírseles desde niños, y no importan la religión o creencia que se tenga, lo importante es que ellos empiecen a sentirse muy seguros de que a pesar de que el mundo parezca muchas veces contradictorio, sin sentido y quizá doloroso, hay una herramienta que los puede acompañar en su aventura de descubrir y realizar la aventura de sus sueños más honestos y sinceros, y esa herramienta se llama meditar.

Lo primero que hay que comprender como padre es que la meditación no es algo en donde uno deba permanecer quieto o abstracto del mundo, la meditación, entre otras cosas, es un medio de conducirnos a ganar consciencia. Ganar consciencia significa que nosotros nos damos cuenta de lo que hacemos y el porqué lo hacemos, llevándonos dicha reflexión a madurar conscientemente nuestras acciones.

Asi pues, esta meditación no requiere que tu niño permanezca quieto ni pensando determinadas cosas, esto no funciona porque los niños son muy inquietos, su atención cambia demasiado de prisa de una cosa a otra, y es imposible, además de inadecuado, obligar a que los niños piensen determinadas cosas porque les restamos su fresca espontaneidad y creatividad.

La Meditación Reflexiva
La meditación activa simplemente consiste en conducir a los pequeños por medio del la reflexión. A partir de los 6 o 7 años,, un pequeños ya puede llevar a cabo dicha meditación, la cual tiene como objetivo desarrollar la habilidad de observarse a si mismo y madurar naturalmente por medio de una consciencia y reflexión sus emociones.

Los pasos son los siguientes:
1. Cada vez que intentes reprender a tu pequeño por algo que a tu parecer estuvo incorrecto, debes procurar guiarlo más con preguntas que con las palabras de reprimenda. Sin duda, aprendemos mucho mejor cuando “nos damos cuenta” que cuando alguien nos dice que estuvo “mal” algo que hicimos. Debemos tomar en cuenta que los pequeños aprenden, asi como nosotros, experimentando, no tienen ninguna intención, ni “mala ni buena” para hacer las cosas. Sin embargo, se sentirán realmente mal o culpables si les hacemos creer que esta mal que experimenten, irán formándose con el tiempo la idea de que existe algo mal dentro de ellos. Esto puede que no se note en el momento, pero sin duda, entre más se reprende al niño y se le hace sentir que “estuvo mal”, más este se sentirá inseguro, tarde o temprano se rebelará.

2. Guia con preguntas: sin duda, la mejor forma que los pequeños tienen para aprender y valorar lo que hacen, es por medio de la reflexión guiada. Hay que tener las ganas de querer “enseñarles” lo que es “bueno o correcto” y empezar por guiarle con preguntas como: ¿qué crees que sintió tu amigo cuando hiciste eso? ¿Qué sentiste cuando lo hiciste? ¿Cómo podrías haberlo solucionado? Las respuestas que nos den pueden después ser sazonadas con nuestra opinión: “no crees que le dolió” ¿Cómo te hubieras sentido si a ti te hubiese pasado lo mismo?

3. No programar con palabras: Es importante no forzarlo y llevar a cabo esta conducción de una forma muy amistosa, presentarnos ante los pequeño amigablemente y, sobre todo, no caer en en palabras que los definan como algo en particular, así como ”eres malo” “eres injusto” “eres muy desordenado”, ectétera. Hay que recordar que cuando les hablamos así estamos reprogramando su mente, y lo único que hacemos con nuestra actitud es fomentar y reforzar dichas conductas en ellos.
Estos breves pasos, aunque no lo parezca, son previos a la felicidad del próximo adulto, porque aprender a observarnos y a considerar no sólo lo que sentimos, sino lo que sienten los demás, es requisito indispensable para valorar mejor las circusntancias y enriquecer nuestra consciencia, lo cual ayudará a los pequeños a tener un manejo emocional mucho más maduro y consciente, lo cual equivale a una vida más plena y feliz.

martes, 1 de noviembre de 2011

Cómo calmar la ansiedad en los niños

por Elisa Bosley
Los niños de hoy día no son inmunes al estrés. En un mundo saturado por los medios de comunicación, los niños están expuestos a situaciones aterradoras todos los días, desde guerras y desastres naturales hasta divorcios y presión de pares. Además del daño mental que esto significa, la ansiedad también afecta el cuerpo de los niños: un estudio publicado en la revista Brain, Behavior, and Immunity descubrió que el estrés familiar afecta directamente la función inmunitaria y aumenta la probabilidad de enfermedades en los niños. Como padre, ¿qué podemos hacer para ayudar?


Primero, respire profundamente. “La ansiedad en los niños no es un problema nuevo en nuestra sociedad”, indica la Dra. Anandhi Narasimhan, doctora en Los Ángeles que se especializa en psiquiatría del niño y el adolescente. Ella señala que todos los niños pasan por etapas normales de temor y preocupación y que la ansiedad puede manifestarse en forma de dolor de estómago, dolor de cabeza, accidentes al tener que usar el baño, agresión y problemas para dormir. A continuación, los expertos ofrecen sugerencias para saber cuáles son los niveles normales de estrés y los que representan un peligro para la salud. Además, le brindarán herramientas para ayudar a un niño a desarrollar destrezas para lidiar con los problemas inevitables de la vida.

Haga espacio

Comience sencillamente escuchando a su hijo. “Cuando mis niños están alterados, de inmediato mi instinto natural me dice que me pregunte: “¿Cómo puedo solucionar esto?”, indica la Dra. Natalie Geary, pediatra integral y madre de tres niños en la ciudad de Nueva York. “Pero usted necesita alejarse de la situación, escuchar e identificarse, sin tratar de resolver el problema de inmediato. Si permite que el niño exprese su molestia, le da espacio y trata de obtener alguna perspectiva, es posible que comience a identificar los factores que desencadenan la ansiedad de su hijo”. Tratar de solucionar el problema de inmediato puede ser contraproducente, advierte.

Separe un tiempo todos los días, como un tiempo para tomar una merienda después de la escuela, para que el niño se relaje. Usted tendrá una mayor oportunidad de saber más sobre qué está causándole estrés a su hijo y este se sentirá más confiado en sí mismo y en su capacidad de enfrentar temores.

Examínese usted mismo

Para muchos niños de edad escolar, la ansiedad debido al desempeño escolar es constante. Desafortunadamente, los padres a menudo son responsables ya que tratan de proyectar sus propias ambiciones en sus hijos, señala Geary. Carl Honoré, autor de Under Pressure, cita las buenas intenciones de los padres, pero culpa las presiones modernas—incluidos una cultura perfeccionista, una economía volátil e hipercompetitiva y padres primerizos de mayor edad que usan los mismos valores y actitudes del lugar de trabajo a la hora de criar a sus hijos—como factores que influyen en la presión que los niños enfrentan. “Lo que estamos estrangulando es el placer sencillo que poseen todos los seres humanos y la alegría de ser niño”, observa Honoré.” Así que busque formas de reducir las expectativas.

Considere buscar ayuda

“Es algo natural llevar a los niños al pediatra como una medida preventiva para mantener la buena salud, así que deberíamos adoptar el mismo principio para la salud mental”, aconseja Narasimhan. “Si la ansiedad está afectando el funcionamiento de un niño—como no querer ir a la escuela o lugares públicos, tener problemas para separarse de sus cuidadores o quejarse a menudo de dolores para los cuales el pediatra no puede encontrar una explicación física—lleve al niño a un terapista o psiquiatra para que lo evalúe para síntomas de ansiedad”.

Cuando sea apropiado, Narasimhan recomienda la terapia cognitiva conductual, en la que un terapista le enseña al niño estrategias para combatir los temores y se atienden ciertos sentimientos y conductas. “Esto puede incluir ejercicios de respiración profunda, relajación progresiva de los músculos y pensamientos alternos para lidiar con las situaciones”, indica. Un meta-análisis de estudios clínicos publicado por primera vez en la revista School Psychology Review, concluye que dicha terapia puede desempeñar una función clave en aliviar la ansiedad en los niños.

No programe cada segundo del día

La rapidez crea estrés. “Deje la prisa a un lado”, recomienda Geary. “Todo lo que pueda eliminar del día, hágalo”.

Cree una rutina menos estricta, ya sea limitando la cantidad de instrumentos musicales o deportes que su hijo practica o estableciendo un día de descanso en la semana para que el niño juegue y se divierta sin tener que hacer asignaciones o tareas domésticas. Geary añade: “Veo a muchos niños que llegan con dolores de estómago, asuntos relacionados con la escuela o porque les están pegando a los compañeros de clase. Nueve de cada diez veces, tengo deseos de decirles a los padres: ‘Sencillamente lleve a su hijo al parque, siéntese con él y póngase a hacer hoyos en la tierra con su hijo’. Si hicieran esto por un mes, se acabarían los problemas”.

Preste atención a los alimentos

“Si los niveles de azúcar en la sangre bajan, esto crea una sensación de ansiedad e irritabilidad”, observa Geary. “Trate de darles a sus hijos meriendas que provean nutrición de liberación prolongada, lo que significa que elimine alimentos altos en grasas, proteínas o azúcares difíciles de digerir”. Sus opciones favoritas incluyen quesos bajos en grasa y hummus, o pan integral con mantequilla de nueces, una proteína fácil de digerir.

Relájese

Los niños a menudo son un reflejo del estado de ánimo de sus padres, así que mantenga la calma. “Un masaje, quizás con aceite de caléndula u otro aceite que huela rico, es maravilloso para los niños”, señala Geary. La clave es la interacción que surge del tacto y la tranquilidad. Justo antes de la hora de dormir, disfruten juntos de una taza de té de hierbas. “Lo más importante es el ritual de compartir una bebida caliente, no la bebida en sí”, explica. “Ellos absorberán el hecho de que usted está compartiendo tiempo con ellos”.

Elisa Bosley es editora sénior de la revista Delicious Living.

martes, 11 de octubre de 2011

TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISMO

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.

Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo, y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar corrigiéndote, el triunfo del verdadero hombre, surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. Las circunstancias son buenas o malas según la voluntad y la fortaleza de tu corazón; aprende a convertir toda situación difícil en un arma para triunfar.

No te quejes por tu pobreza, por tu salud o por tu suerte, enfréntate con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues por tus fracasos, ni se los cargues a otros, acéptale ahora o siempre seguirás justificándote como un niño, recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar, y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu tristeza, de tu necesidad, de tu dolor y de tu fracaso, si tu has sido el ignorante, el irresponsable, tú y solo tu, nadie pudo haberlo sido por ti, no olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los audaces, imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones difíciles, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin aliento morirán; aprende a nacer desde el dolor y hacer más grande que el más grande de tus obstáculos.

Mírate en el espejo de ti mismo, comienza a ser sincero contigo mismo, reconócete por tu voluntad, por tu valor, y no por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti mismo hay un Dios que todo puede hacerlo, conociéndote a si mismo serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias, tú mismo eres tu destino y nadie puede sustituirte en la construcción de tu propio destino.

Levántate, mira por la mañana y respira la luz del amanecer, tu eres parte de la fuerza de la vida, despierta, camina, muévete, lucha, decídete y triunfarás en la vida.

Nunca pienses en la suerte porque la suerte es: el pretexto de los fracasados.

Si caes; levántate, sacúdete el polvo y sigue avanzando

La Importancia de la Rutina Diaria y de los Límites

Muchos de los niños que han crecido sin una rutina diaria o sin límites, a partir de los tres o de los cuatro años, son difíciles de manejar.

Los niños que crecen sin una rutina diaria o sin límites están constantemente buscando y probando hasta donde pueden llegar especialmente si están haciendo algo que les gusta, por ejemplo, si están viendo televisión, jugando juegos electrónicos o jugando afuera. También se resisten a asumir sus responsabilidades como recoger sus juguetes, hacer las tareas, etc.

Madres y padres tienen que invertir mucha energía en lograr que estos niños obedezcan y cumplan con sus responsabilidades. Les hablan, les gritan, los regañan...y, a menudo, terminan por castigarlos. Y todos terminan exhaustos: los niños por estar retando a los padres, y los padres por tratar de que los niños los obedezcan.

Muchas madres no se dan cuenta que el invertir un poco de tiempo en establecer una rutina diaria y establecer ciertos límites cuando sus niños son muy pequeñitos, les va a facilitar grandemente la vida familiar más adelante.

La rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa, les da fronteras y dimensión a la vida. Ningún niño se siente cómodo en una situación en la que no sabe qué esperar. La rutina da una sensación de seguridad. La rutina establecida da un sentido de orden del cual nace la libertad. Los límites le indican al niño que toda actividad tiene una duración. Como la palabra denota: "puedes, hasta acá - pero más allá, NO."

Ejemplos de límites:

• Puedes jugar afuera hasta la cena
• Puedes ver televisión de 4 a 6 de la tarde
• A las 7:30 de la noche tienes que acostarte

¿Cuándo tendríamos que empezar con la rutina diaria y los límites?

Cuando los niños son pequeñitos. La rutina diaria se va estableciendo a los pocos días de nacer el niño y es a través de la rutina diaria que nuestros bebés entran en contacto con cierto orden. Más adelante, poco a poco, se van introduciendo algunos límites.

La rutina diaria al principio es muy sencilla pues sigue las necesidades físicas de la criatura: se la alimenta seis o siete veces durante las 24 horas, o sea cada tres o cuatro horas. El amamantar o darles el biberón toma aproximadamente una hora con el cambio de pañal. Poco a poco, el bebé y su madre van desarrollando un patrón de horario de comidas.

¿Por qué es importante la rutina diaria? Porqué el bebé va internalizando el orden de la rutina, y la repetición y la constancia del horario le van dando cierta seguridad frente a la incertidumbre de la vida.

A medida que el bebé va creciendo la rutina diaria se tornará más compleja. Se incluirán la hora de la siesta, las horas de televisión, las idas al parque infantil y, poco a poco, se van introduciendo las normas de conducta y de higiene y los límites. Los siguientes son ejemplos de límites:

• "Antes de ir al parque o antes de acostarse, hay que recoger el lugar donde ha estado jugando."
• "Hay que lavarse las manos antes de cada comida."
• "Pueden ver únicamente ciertos canales de televisión y solamente ciertos programas."
• "Después de las 7 pm ya no pueden ver televisión."

Hay dos grupos de mamás que nos preocupan porqué ambos grupos tienen dificultades con el empleo de los límites y el establecimiento de una rutina diaria. Estas mamás son:

• Las que creen que decirle un NO a sus hijos los daña o que el estructurar el día de sus hijos, los oprime.
• Las que no saben cuando emplear un NO oportunamente o mantener una rutina, porqué están tan agobiadas por el trabajo fuera de casa y dentro de la casa, y no se dan a basto con todo lo que tienen que hacer.

Sin embargo, los dos grupos de mamás quieren lo mejor para sus hijos. Las primeras suelen leer mucho, les gusta estar informadas y, han sido influenciadas por libros que dicen que pueden criar a sus hijos sin restricciones para así no coartar su creatividad y espontaneidad.

A estas madres es importante recalcarles que a medida que sus hijos crecen van a pasar trabajo adaptándose a una realidad exterior conformada por varias normas y límites. Y que un poco de rutina diaria y límites no dañan, al contrario, todo niño necesita límites, éstos le dan al niño seguridad y la posibilidad de utilizar su energía en juegos y actividades creativas en vez de utilizar su energía tratando de descubrir donde están los límites y hasta donde pueden llegar.

A las mamás del segundo grupo la vida les está exigiendo muchísimo: ayudar a mantener su familia con el fruto de su trabajo, dejar a los niños en el cuido, ir al trabajo, luego pasar a recogerlos, y encargarse de los quehaceres de la casa. Para estas madres la vida es un corre-corre constante y una constante tensión.

A estas madres es importante recalcarles que si les queda energía tienen que esforzarse en introducir una rutina y ciertos límites en la vida de sus hijos y mantener dicha rutina y límites, para así aliviar la tensión en la familia y para que sus hijos mejoren su rendimiento en la escuela.

Como se indicó anteriormente, la rutina es fácil establecerla cuando los niños son pequeñitos, sin embargo si sus hijos tienen cuatro años o más pueden establecer la rutina diaria y ciertos límites a través de la "Reunión Familiar". Lean como hacerlo en "Las Decisiones en Familia - La Reunión Familiar".

Procedan poco a poco, escojan la parte del día que más les preocupa. Escuchen a sus hijos, busquen sus opiniones y su cooperación, hágalos participes de las decisiones acerca la rutina diaria y los límites y tendrán su cooperación y compromiso. ¡NO ES DIFICIL! Y SUS HIJOS SE LO AGRADECERÁN!

LOS HIJOS NO TE ESCUCHAN, TE OBSERVAN ...

Cuando pensabas que no te veía, te ví
pegar mi primer dibujo al refrigerador, e inmediatamente quise pintar
otro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi
arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable
vivir, pendiente de detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las
cosas especiales de la vida.

Cuando pensabas que no te veía, te
escuché pedirle a Dios y supe que existía un Dios al que le podría yo
hablar y en quien confiar.

Cuando pensabas que no te veía, te vi
preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos
debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros.

Cuando pensabas que no te veía, te vi
dar tu tiempo y dinero para ayudar a personas que no tienen nada y
aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con quienes no
tienen.

Cuando pensabas que no te veía, te sentí
darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi
atender la casa y a todos los que vivimos en ella y aprendí a cuidar
lo que se nos da.

Cuando pensabas que no te veía, vi como
cumplías con tus responsabilidades aún cuando no te sentías bien, y
aprendí que debo ser responsable cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, ví
lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas
duelen, y que está bien llorar.

Cuando pensabas que no te veía, ví que
te importaba y quise ser todo lo que puedo llegar a ser.

Cuando pensabas que no te veía, aprendí
casi todas las lecciones de la vida que necesito saber para ser una
persona buena y productiva cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, te ví y
quise decir: ¡Gracias por todas las cosas que ví, cuando pensabas que
no te veía!

"NO TE PREOCUPES PORQUE TUS HIJOS NO TE
ESCUCHAN...TE OBSERVAN TODO EL DIA".

Madre Teresa de Calcuta

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La importancia del abrazo

Necesitamos abrazos frecuentes.


• Cuatro abrazos diarios para sobrevivir.
• Ocho abrazos diarios para mantenerse.
• Doce abrazos diarios para crecer.

El ser humano necesita del contacto físico para su bienestar. El abrazo es una forma muy especial de tocar.

Hay muchos motivos para abrazar:

• Es necesario para nuestro bienestar físico y mental.
• Hace que nos aceptemos mejor a nosotros mismos y a su vez nos hace sentir aceptados por los demás.
• Es un instinto, una respuesta natural a los sentimientos de afecto, compasión, alegría.
• Alivia el dolor, la depresión, la ansiedad.
• Ahuyenta la soledad.
• Aquieta los miedos.
• Abre la puerta a los sentimientos.
• Fortalece la autoestima.
• Retrasa el envejecimiento.
• Alivia las tensiones.
• Combate el insomnio.
• Es democrático (es ayuda mutua)
• Ejercita los músculos y los estira.
• Comemos menos cuando nos alimentamos con abrazos.
• Es una alternativa a a las adicciones (más vale un abrazo, que un cigarro, alcohol o un pinchazo...)
• Ahorra energía, da calor. No contamina
• Es portátil ¡que bueno!...
• No requiere equipos ni locales especiales.
• Hace soportables los días insoportables.
• Tiene efecto beneficioso de larga duración aún después de la separación. (Pero ¡¡cuidado!! los hay tan ricos, dulces, tiernos y confortables que enganchan más que el mismísimo chocolate...)

Consejos Para Los Padres Sobre Los Hijos


Madre, acaricie a sus hijos. Padre, abrácelos firmemente. Permita que ellos sepan que los aman por la mañana, al mediodía, y por la noche.
Ponga sus brazos alrededor de ellos, sosténgalos cerca suyo, sienta el latir de sus corazones, la vida nueva que Usted hizo.
Ruede por el suelo con ellos, bromee, ría y juegue, escuche lo que tienen que decirle, ellos tienen mucho para contarle.
Tome tiempo para conocerlos, vea el color en sus ojos. Aprecie a esa persona tan profunda dentro de sus pequeñas mentiras.
Permita que corran sus dedos por sus cabellos, doble su cabeza, llene sus corazones con palabras de alabanza, haga de su hogar su lugar favorito.
Abrácelos estrechamente en el sofá y mire un programa de televisión, cante con ellos o comparta la lectura de un libro y ayúdelos a crecer en su mundo.
Tome un tiempo para caminar en el parque, sosténgase de la mano, huela las flores, alimente los patos, construya castillos en la arena.
Madre, acaricie a sus niños, Padre, abrácelos firmemente, Muéstreles que ellos son un regalo, ámelos para que se sientan bien.

El amor es para el niño lo que el
sol para las flores. No le basta el pan:
necesita caricias para ser bueno y
para ser fuerte.