Comenzamos un nuevo año escolar. Los tiempos que vivimos merecen una reflexión, un detenernos a pensar hacia donde dirigimos nuestras vidas. El momento presenta ante nosotros nuevos retos profesionales, personales, y familiares. Pero más importantes son los retos espirituales que como individuos y como humanidad tenemos que enfrentar. Porque aún no hemos comprendido que es allí, en lo más profundo de nuestro ser, que se encuentra nuestra esencia, nuestra verdad, nuestra felicidad. El que pierde el tiempo buscando la felicidad fuera de sí nunca la encontrará. En algún punto de nuestro camino olvidamos que somos Amor, que fuimos creados por el Amor, y que es el Amor el que nos mueve. Olvidamos que somos divinidad y que somos parte de esa Luz y esa Energía Vital que mueve el Universo. Nuestra grandeza, nuestra fortaleza y nuestra felicidad no radica en los éxitos profesionales o personales, ni en la cantidad de bienes que hemos acumulado; por el contrario, radica en lo sencillo, en la esencia de nuestro Ser. La felicidad está en encontrar nuestra razón de vivir, nuestro camino, nuestra misión. En el conocernos y tenernos más a nosotros mismos. En descubrir la alegría en las pequeñas cosas y en entender como decía Madre Teresa que los problemas son “regalos de Dios”; oportunidades de crecer en unión con El, poniendo nuestra fe en acción.Encontrar el amor en todo lo que nos rodea, la alegría en todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Ver con los ojos del alma, fluir con la Energía Vital de Universo, abrirnos a las maravillas de cada día.
Dice un poeta que debemos cuidar nuestro presente, pues en él pasaremos el resto de nuestras vidas. El pasado ya no puede ser cambiado y ya no puede herirte, el futuro es algo intangible. Por eso, lo esencial es comenzar a vivir el presente, cuidarlo, amarte, perdonar a otros y perdonarte a ti mismo; y sobre todo permitirte ser lo que eres en realidad, sin máscaras, sin temores y sin apariencias; pues cada uno es único y especial. Cada persona tiene algo que enseñar a los demás, cada quien tienen la capacidad de ser maestro y discípulo.
Y recuerda, la felicidad está en lo cotidiano en las cosas sencillas de la vida. Por eso, esfuérzate en adquirir la sencillez del niño y la perseverancia del sabio. Permítete brillar con luz propia y permite que los que están a tu alrededor también brillen, pues de esta manera llenaremos el mundo de Luz.
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